5 de marzo de 2012

Las sutiles leyes de la simetría.

No había razón alguna para que él se enfadara con ella, ninguna razón para que se mostrara celoso y ofendido, y mucho menos todavía para que se sintiera desdichado [...] Había sido él quien había decidido de una vez por todas y en nombre de los dos que cuanto entre ellos aconteciera tendría poco que ver con el gran amor, el loco amor, y sería más bien la plácida y civilizada amistad de dos adultos que se estimaban mucho, sin excesos y sin exclusividad, se respetaban mucho, tenían aficiones parecidas, se llevaban bien y hacían el amor de modo satisfactorio [...] Y después del amor, llenando los paréntesis, antes del infatigable recomenzar, él no se dormía ya, ni se volvía de espaldas, ni se levantaba para encender un cigarrillo, él se quedaba abrazándola y le decía unas cosas que no le había dicho antes, cosas que ella había estado esperando y propiciando a lo largo de dos años, que hubiera pagado cualquier precio por oír, y que la pillaban ahora desprevenida y a destiempo, cansada de esperar, y eran como mucho una loca invitación a la nostalgia, nostalgia de lo nunca poseído, que es la peor de todas las nostalgias [...] El último trazo que venía a restablecer el equilibrio roto y a proclamar el triunfo final de la simetría.
Esther Tusquets
Las sutiles leyes de la simetría

Así, un día caes en la cuenta de lo que has conseguido con tus acciones y es en ese momento, cuando eres capaz de ser consecuente y actuar acorde a tus deseos, para por fin ser feliz.